domingo, 25 de noviembre de 2012

Un tesoro: el hogar
 
Belkis Cuza Malé
 
        Una de las cosas que más ayuda a crear un hogar --ese espacio con sentido de permanencia--, es la idea de que el tiempo no existe, de que no pasará, de que la vida seguirá su curso de modo natural, y una vez formada la familia, ésta crecerá y crecerá como un árbol, ramas aquí y allá.             
        Acabo de leer algo que me hace pensar. Dice el pastor Guillermo Maldonado que "La meta del diablo es empujarte a pensar dentro de los términos de tiempo". Y que nuestras tribulaciones no tendrán fin. Si aplicamos esto a la idea del hogar con la visión pesimista de que todo acaba, de lo éfimero de la vida, gobernada por el paso del tiempo; de que aquel sitio se desmoronará como una montaña de arena, nadie se atrevería a formar una familia.
         El tiempo es una dimensión lineal, pero Dios nos ha dado el regalo de las otras dimensiones espirituales, aquellas donde no existen ni el tiempo ni la muerte. Los que han resucitado en Cristo saben de qué estoy hablando, los que nacieron a la nueva vida cuando él regresó y mostró sus llagas al entonces incrédulo Tomás, lo pueden afirmar sin miedo a equivocarse: la eternidad existe.
          Un hogar es un refugio donde nos encontramos a salvo de todo si allí mora también Dios, si su esencia y su presencia nos acompañan.  Es esa energía divina que se siente desde que ponemos los pies en el sitio, y donde nos sabemos envueltos en la fragancia de lo espiritual. Hay casas y hay hogares. 
            Las casas ocupadas por aquéllos que no conocen a Dios, están a mansalva de las inclemencias, de los fenómenos naturales, de todo tipo de problemas. Sus habitantes se sienten ansiosos dentro de aquellas paredes, no encuentran placer en permanecer largo rato a solas con ellos mismos, se aburren, les acosa la nostalgia, la tristeza. No se han dado cuenta aún de que aquello no es un hogar, aunque los moradores tengan vida independiente, no se reunan para celebrar las fechas tradicionales, no se sienten a la mesa familiar, ni tengan interés en la decoración del sitio, pues incluso comen y beben en platos y vasos de cartón, para no tener que pasar tiempo en las labores de limpíeza, esas mismas labores domésticas que deberían ser compartidas por todos los miembros de la familia.
         Los hogares, en cambio, son un tesoro de incalculable valor, donde reina Dios y donde los padres hacen un nido, como los pájaros, para criar a sus hijos. Un sitio gobernado por la fuerza del amor, el respeto y la disciplina, donde el control está compartido por esa pareja que ha decidido recrear lo que conocemos como "la sagrada familia".  No importa que algunos piensen que los tiempos han cambiado, que la vida moderna ya no necesita de esta institución a la que otros consideran arcaica. El hogar vivirá por siempre mientras haya sobre el planeta gente capaz de compartir su amor con su familia.
         Se acerca el Día de Dar Gracias a Dios. Muchos no tienen idea de la significación de la fecha, ni la perciben como un acontecimiento importante, como lo es celebrar en familia un ritual de comunión con nuestro Creador. No han de faltar en ese día ni los manjares ni las gracias por todo lo que Dios nos ha dado, especialmente si hemos llegado a este país desde otras tierras, y hemos tenido que comenzar de nuevo, levantar nuestros hogares en medio de la inseguridad y el desasosiego. 
            "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican", dice el Salmo 127.  Así que deje que Dios construya su casa, y conviértala usted en un precioso hogar.
 
Nota: Si necesitan ayuda con sus problemas, si están deprimidos, faltos de amor, solos, sin trabajo y esperanza, por favor, comuníquense conmigo a cualquier hora al  (786) 975-5709  y oraré con ustedes. Y les daré Palabra de Profecía. O enviénme un mensaje a BelkisBell@Aol.com. Con Dios todo es posible. Les invito a que me visiten en mi blog: http://www.belkiscentrodeesperanza.blogspot.com
 
               
 
 
 

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