martes, 24 de agosto de 2010

Volver a Dios
Belkis Cuza Malé

Hoy sé más que ayer, pero menos que mañana, me dijo alguien querido hace algún tiempo. Y me gustaría aplicar esa frase a nosotros mismos y preguntarme: ¿Soy mejor que ayer, y no tan buena como mañana? Atrás han quedado las sombras, siempre las hay. Otros dicen que mejor es vivir en el pasado. Mejor es vivir en Dios, digo yo.. Y para vivir en Dios hay que asumir dos cosas: que existe y que le amamos y lo obedecemos.
Hoy parece, sí hoy, que no son muchos los que lo obedecen. Sólo hay que voltear la cabeza: horror y pena alrededor, odio y envidia. Violencia. Lenguaje pornográfico. Amor prostituido. STOP, me digo a mí misma. Y me impongo el silencio.
Hay que cerrar la boca, el pico, como dirían los más vulgares, y centrarnos en Dios, que es esa luz positiva y divina que se cuela por la rendija del alma y que si la dejamos entrar nos da la sanidad y la plena satisfacción de vivir.
Pero hoy, más que mañana, tendemos a estar miedosos, deprimidos, tontos y lelos, como si no tuviésemos cerebro para llevar algo más que un sombrero, ni voz para cantar. Mientras podamos cantar, no importa si desentonamos, mientras podamos oir la música que baja del cielo, mientras podamos ver el paisaje cargado de colores y la luna nos regale su tesoro y el sol alumbre y derrita la nieve, nuestra mano, guiada por Dios puede transformar en felicidad toda la pereza que nos ha llevado a la depresión.
El pasado es nostálgico como un atardecer, que luego desaparece en lontananza para que amanezca. Hoy es un día nuevo, y todos los días son nuevos, como nuevo y eterno será el futuro. Porque hay vida eterna para todos los que aman, para aquéllos que hacen el bien y ayudan a los demás, incluso con una sonrisa, o un beso. Si no sabemos poner la mano sobre el hombre que sufre, si no sabemos perdonar, si no sabemos sonreir con cada amanecer o cada atardecer, incluso con cada día gris, lleno de sombras, habremos perdido nuestra capacidad de crear vida.
Por eso, mis queridos lectores, mis queridos hermanos, les propongo ahora, ahora mismo la lectura del Padre Nuestro. Esa joya que nos dejó Jesús para orar cada día. Si usted desea llenar su espíritu, le propongo que repita en voz alta, concentrándose en las palabras, en lo que dice, quince o las veces que desee, el Padre Nuestro. Esta es una oración directa al Padre Celestial. Léanla ahora, en el Nombre de Jesús:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Nota: Si necesitan ayuda con sus problemas, si están deprimidos, faltos de amor, solos,
sin trabajo y esperanza, por favor, comuníquense conmigo a cualquier hora al
(786) 975-5709 y oraré con ustedes. O enviénme un mensaje a BelkisBell@Aol.com. Con Dios todo es posible.
Amén

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