viernes, 5 de agosto de 2011

¿Somos hijos de la luz o de las sombras?

Belkis Cuza Malé

"El amor de Cristo excede a todo conocimiento", dice el Apostal Pablo en su Epístola a los Efesios. Y esto significa que somos incapaces de conocer a profundidad cuánto nos ama el Señor, porque su amor es tan inmenso que va más allá de cielo y tierra. Por eso no debemos dudar en ningún momento que siendo parte de su cuerpo, de su gloria, podamos alcanzar una vida plena, llena de sus dones. Porque es Dios nuestro único proveedor, no un empleador o una compañía. Dios nos sostiene, nos da el alimento, como a los pájaros; nos viste con su luz y nos pr
otege con su escudo. Junto a nosotros caminan los ángeles que El nos envía, especialmente el Angel de la Guarda, siempre a nuestro lado, para que "nuestro pie no tropiece en piedra", como dice el Salmo 91. Pero, amigos, la luz de Dios es una irradiación distinta a la luz del día, o de las estrellas. Es una luz divina, como un manto poderoso que crea en nosotros el motor que nos da vida, que nos mueve y nos convierte en su soldado. Porque somos soldados en Cristo, como también le gustaba decir al Apostol Pablo. Y no, no estaba hablando de ninguna guerra, ni de matar a nadie por nuestras ideas. Que de eso no trata jamás Dios, porque Dios es Amor, y que quede bien claro. Dios perdona hasta a los asesinos más crueles si al final se arrepienten sinceramente. El corazón de Dios es un pozo infinito de bondad y Amor, un corazón a todo dar, como el que vemos en esos cuadros familiares del Sagrado Corazón. Abierto para recibirnos dentro, para cobijarnos como hijos temerosos que a veces somos, para consolarnos o ayudarnos a recobrar la Fe, la Esperanza y la Caridad. Hijos de la luz serán aquellos que vivan en Cristo, que caminen con El, que vayan de su mano a todas partes y lleven una vida decente. Que lo pongan todo en manos de Dios, que se repitan a diario: Confío en Dios.
| ¿Y qué es una vida decente hoy día, donde los valores morales están de cabeza, donde la inmoralidad es rampante, y la pureza y el pudor se han convertido en virtudes antiguas, achacadas tan sólo a los viejos y a los pasados de moda? ¿Es que puede llamarse moral a los códigos por los que muchos jóvenes y no tan jóvenes viven? No voy a atacar a nadie en particular, pero debo decir aquí que si quieren vivir bajo la luz de Dios, bajo su lámpara de millones de voltios, tienen que abandonar el pecado, la inmoralidad, la falta de respeto y el vocabulario chavacano que acompaña hoy día al mundo, a sus canciones, a sus expresiones populares.
El sexo, por ejemplo, es sagrado y privado, pero la vulgaridad se ha entronizado en todas partes. El vestuario de muchas mujeres (y hombres) es sencillamente escandaloso, no sólo decadente, sino de mal gusto. Enseñar el cuerpo en forma descarnada, en poses de prostitutas/prostitutos es sencillamente grostesco. Y no puede calificarse de sexy, sino de cosa vulgar. Lo sexy tendría que ser algo hermoso también, nunca chavacano. Sexy era Marilyn Monroe sin ser grosera. Su belleza se ha eternizado por la delicadeza que exhibía, incluso en sus pocos desnudos hechos para un calendario.
Por eso, los que llevan luz, los que se consideran hijos de la luz, tienen el privilegio de la felicidad y la prosperidad. Y de poseer salud, física y espiritual.
La mayoría de las enfermedades actuales son producto del p
ecado que reina en sus mentes, en sus cuerpos. Porque toda enfermedad se origina en el espíritu y busca una salida a través del cuerpo. Recuerden que somos un espíritu viviendo en un cuerpo.
Mis queridos lectores, si quieren ser hijos de la luz, si quieren que el Espíritu Santo habite en ustedes, en sus cuerpos, y tengan el poder de remover todo lo negativo, lo insano, lo feo y lo vulgar, tienen que leer la palabra de Dios, volver a Cristo, renovar su Fe, y anclar en la oración. No se puede vivir sin luz, porque la luz es el alimento del alma.
Los que quieran la salvación aquí en este plano terrenal y luego en la otra vida, tienen que dar un paso adelante y sacar de sus vidas todas las excrecencias, todo eso que está destruyéndolos, y cuyo futuro será bien la cárcel o la tumba prematura. Libérense especialmente de las drogas y el alcohol. Aléjense de la inmoralidad sexual.
"Para que habite Cristo por la fe en vuestro corazones", como dice el Apostol Pablo, hay que trabajar duro, luchar contra la perversión del mundo. Luchar con Amor y mucha paciencia y mucha oración. Sólo así seremos ricos, bellos y buenos: Hijos de la Luz.

Nota:
Les invito a que me comenten este artículo y me llamen para compartir sus emociones, problemas y sufrimientos. Oraré por ustedes, y si lo desean les hablaré las palabras proféticas que tenga para cada uno. Dios los ama, recuerden.
Llámeme a cualquier hora al (786) 975-5709. O escríbanme a BelkisBell@Aol.com.
. Gracias y bendiciones.

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