martes, 14 de diciembre de 2010



Mensaje a los incrédulos

Belkis Cuza Malé

Vivimos en una época extraña. Vivimos en un perenne estado de nervios, conectados al mundo, desconectados de nosotros mismos. Hemos alargado el tiempo, casi hasta el infinito, pero no nos alcanza, porque estamos el santo día matando el tiempo.
Los signos no pueden ser más claros: estamos en la Edad Media, otra vez. De algún rincón del mundo ha de zarpar mañana una frágil embarcación hacia el espacio, con las antenas listas para descubrir que Marte es el sitio ideal para vivir, toda vez que se establezcan los primeros c
olonos y se creen las condiciones. Luego, iremos a jugar golf a esos campos plateados de la luna, con agujeros naturales. Quizás hasta el famoso Tiger Wood, caido en desgracia recientemente, pueda limpiarse la costra pecaminosa, y gane nuevos campeonatos lunáticos.

Es una época, repito, muy extraña, donde nada importa más que un buen salvoconducto... para cruzar fronteras. Especialmente las del alma. Si usted no tiene pasaporte acuñado no lo dejarán entrar ni revisar su karma. En la puerta del Universo ahora hay siempre un nuevo guardían, cuya misión consiste en eso: en ser estricto con los archivos askasis. Allí en esos *libros* está descrito su destino, y todo lo que usted quiera saber del pasado y del futuro. Pero primero le exigirán que muestre identificación, y quizás hasta que enseñe su código secreto, el que usa para navegar en la internet. Usted es sencillamente un código, números, letras, y quizás olores. Eso es todo.

De dónde vino y qué fronteras cruzó antes para llegar hasta aquí poco importa. Si conoce su código secreto le dejarán pasar al Infinito y podrá ser parte de la nueva época, como esas llamas que ahora son animales muy apreciados en algunos ranchos del oeste americano. Usted e
s un animal más. ¿Quién lo duda? No es un insulto, por favor. Todos somos animales, unos más racionales que otros. Pero en este mundo extraño en que vivimos ya no están de moda ni las carteras de Prada, porque para ir a Marte hay que vestirse distinto y todavía no hay diseñador capaz de crear ropa adecuada para el viaje. Le pasó lo mismo a Cristobal Colón en su tiempo. El no sabía que en lo adelante habría un uniforme para cruzar los mares y otro para los de la aduana, y así... Qué el bando rojo y el bando azul, en fin, el cero y el infinito. Vivimos divididos, parametrados (!que palabrita!). Las dos orillas, los de aquí y los de allá. Los comecandelas y los que nada comen.

Ayer una flor, hoy un vestido blanco: el símbolo de la pureza, el símbolo de la Virgen de las Mercedes, la que tiene las llaves de la cárcel. Algo simbólico y hermoso.
Enciendo la televisión. Van a crucificar de nuevo a Cristo, lo apalearán hasta la muerte, le destrozará
n las manos y la espalda. Van a crucificar a Cristo y yo y usted estamos todos viendo el terrible espectáculo por la televisión, mientras bebemos sodas refrescantes, y comemos galleticas de chocolate. !Qué terrible!, pero algunos dicen que hay películas de Hollywood más escalofriantes. La diferencia es que ésta no es una película, sino un drama en vivo transmitido vía satélite.

Ya alzan la cruz con Jesús agonizando, y por las heridas se derrama su preciosa sangre. Alguien grita que ya vio esa película, que la cambien, que hay juego de pelota en otro canal. Llueve en alguna parte, deben ser las lágrimas de Dios.
El Cristo va a resucitar al cabo de tres días, pero algunos -- muchos-- , no lo creen, dudan de que éste sea el HIjo de Dios y de que eso vaya a suceder.
Han pasado las horas y estamos todavía frente al televisor. Jesús ha resucitado y se vuelve transparente, y pide que lo toquemos, como hizo con los Apóstoles, porque Santo Tomás era un descreido.

Y sí, lo veo ahora volar sobre mi tejado junto a una paloma blanca y estoy segura de que no se trata de un dibujo de Chagall. Es Jesús, el Cristo. El espectáculo también es vía satélite, y se titula *El Cristo ha vuelto a resucitar*.Todos callamos, el silencio es total, atronador, se escucha hasta en el Cielo.

NOTA: Le ayudo con sus problemas de Amor, Salud y Prosperidad, a través del Amor de Dios, de su Espíritu. No deje de consultarme y encontrará la respuesta a todo lo que lo aqueja hoy. Llámeme para una consulta por teléfono. Marque a cualquier hora el (786) 975-5709. O escrìbame a
BelkisBell@Aol.com. GRATIS PARA LOS QUE NO TIENEN UN CENTAVO.

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